
La ascensión del visitante al casco histórico de Toledo desde la Puerta de Bisagra acaba con un merecido descanso en la plaza de Zocodover. Una empinada calle lleva al turista o al vecino hasta esta explanada de entrada a la ciudad antigua en la que raro es el día en el que no hay espectáculos callejeros o alguna forma de entretenimiento, aunque sólo sea dar de comer a las palomas o contemplar a sus peculiares habitantes. Los archivos recogen que su planta podría haberse construido en la época romana. Su nombre, Zocodover, proviene del árabe y siginifica, literamente, “mercado de las bestias”.
Con diversas obras, el Ayuntamiento de Toledo compró varios edificios que fue demoliendo para su ampliación y también echó abajo algunos arcos que cerraban la plaza en la cuesta de Carlos V y la de subida al Alcázar. En 1933, la plaza sufrió una remodelación que la dotó de bancos para que los ciudadanos pudiesen descansar allí. Las continuas remodelaciones han hecho perder a la plaza parte de su trazado original y su aspecto, pero aún sigue siendo un lugar interesante y punto de encuentro para turistas y vecinos de la ciudad.
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