
Existen varias formas de llegar a Toledo (tren, autobús, coche, andando -si se quiere-), pero sólo una de hacer una entrada triunfal en la ciudad. Y ésta es cruzando bajo la Puerta de Bisagra, una de las grandes señas de identidad de la capital castellano-manchega y uno de los monumentos más conocidos de la ciudad. El origen de la puerta se encuentra en el siglo IX y es musulmán. Sin embargo, Carlos V mandó reconstruirla en el siglo XVI dándole el aspecto que ahora tiene y coronándola con el ánguila bicéfala, símbolo de Ciudad Imperial que ostentó Toledo.
La magnífica reconstrucción corrió a cargo del arquitecto torrijeño Alonso de Covarrubias. La Puerta de Bisagra está compuesta por dos cuerpos. Uno exterior, atribuido a Covarrubias, con un arco de medio punto que recibe al visitante flanqueado por dos torreones circulares almohadillados y que adopta el estilo renacentista. El interior, de aspecto más ligero, dos torres están coronadas con mampostería. El nombre proviene de su época como entrada musulmana, cuando era llamada Bib-xacra, que significa Puerta de la Sagra.
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